-
Veamos, usted Capitán - comenzó Victorio moviendo la mano con aires femeninos mientras colocaba la otra en la espalda del hombre empujandole con suabidad -
peguesé más a la dama. Y ahora, por favor, ¿pueden mirarse a los ojos?. ¡Oh! Querida sois la novia más dulce que he tenido el placer de retratar - dijo cuando esta se sonrojó al mantener la mirada de su futuro marido -
Bien, mantenganse así, no tardaré mucho...Volviendose a lo que se intuía un muchacho bajo tanta pintura, dio unas cuantas ordenes que el muchacho asintió y empezó a plasmar bajo la atenta mirada de su capatáz.
-
¿Por qué hemos contratado a este tipo? - murmuro entre dientes sin moverse un apendice -
Me pone nervioso, toca demasiado, y... - al ver como se ensombrecía el rostro de la dama, el Capitán, soltó una carcajada de la que el pintor se quejó con un bufido -
y estoy dispuesto a todo por tenerte a mi lado. Os quiero, mi princesa.-
Y yo a vos, mi Capitán - contestó en un susurro la dama.
Maximo se acercó y le besó en los labios para desgracia del joven pintor.
-
Señores, señores, por favor un poco de paciencia, no tardaré demasiado.
- ¿Pero no dijo su capatáz que me acercará? - contestó el Capitán volviendo a la postura inicial, mientras le dedicaba una sonrisa a su prometida.
Pasaron un par de horas cuando por fin, Victorio les permitió moverse libremente. La pintura ya estaba acabada. Y los novios vieron el acabado.
- En cuanto esté seca, Madame, se la haré llevar. Por cierto, me tomé la libertad de enviar yo mismo las invitaciones para su enlace, espero no importunarles... - sin dejarles contestar, dió un par de palmadas y ambos, el chico y él, desaparecieron rápidamente.
Poco después, en Rune, un gran paquete llegaba al refugio de los tortolitos.
Un gran cuadro enmarcado en plata, con la imagen de ambos y una carta que rezaba: "Considerenlo mi regalo de bodas, que sean muy felices"

Así como otra
carta lacrada.